«Lo no nombrado»

Pensaba en aquello que no se nombra y, por lo tanto, parece no existir. En específico, en la basura y el residuo. No nombrarlo es una forma de blanquearlo, de hacerlo invisible, cuando en realidad está ahí. Existe. Aunque el proceso no termina en el desecho: la basura, el residuo, sirve para más cosas.

En una mesa de artistas, dentro de una galería, surgió la conversación sobre la basura y apareció la idea de no llamarla así. Esa postura me genera conflicto, porque para llegar a acuerdos —y para transformar— necesitamos palabras. Etiquetas. Definiciones. Como dice mi amigo Sony: las etiquetas ayudan al diálogo, pero también pueden hacer daño.

Entonces me pregunto: ¿la basura debería ser nombrada?

Desde el reciclaje escuché en TikTok decir que la basura no existe, que todo puede reciclarse. Entiendo esa postura desde el ideal técnico, pero cuando lo miro desde una problemática social y educativa, creo que sí debe nombrarse. Nombrarla nos permite entenderla, discutirla y cuestionar los procesos que la generan.

En el ámbito escolar, por ejemplo, el tema debería educarse desde la realidad, no desde la negación. La perspectiva social, atravesada por la ignorancia sobre los procesos de reciclaje y gestión de residuos, influye directamente en cómo nos relacionamos con ellos. Si no se nombra, no se problematiza. Si no se problematiza, no se transforma.

Tal vez lo más sano no sea borrar la palabra, sino abrir el debate: encontrar una postura más inteligente, más honesta, sobre cómo nombrar la basura sin miedo, entendiendo que decirla no la perpetúa, sino que puede ser el primer paso para resignificarla.

👉 No nombrar la basura no la elimina, solo la vuelve cómoda para el sistema.

Decir “no existe” puede funcionar en un discurso utópico, pero en lo social y educativo es peligroso, porque borra responsabilidades: ¿quién la genera?, ¿quién la gestiona?, ¿quién vive rodeado de ella?

👉 Nombrarla no es celebrarla.

Nombrar “basura” no significa aceptar que su destino final sea el vertedero. Significa reconocer el fallo del sistema. La basura existe porque el diseño, la industria y el consumo fallaron antes.

👉 El miedo a la palabra suele venir del deseo de pureza.

En galerías, discursos verdes o institucionales, a veces se evita “basura” porque incomoda, ensucia el relato. Pero tu trabajo justamente hace lo contrario: no blanquea el residuo, trabaja desde ahí, desde la herida.

👉 Tal vez el problema no es la palabra, sino la jerarquía.

Podemos decir basura y luego complejizarla: residuo, desecho, material postconsumo, materia en transición. No para suavizarla, sino para abrir capas de lectura.

En resumen:

💥 Sí, la basura debería ser nombrada.

Pero no como final, sino como punto de partida.

Nombrarla es político. Callarla también. Que opinas?

Deja un comentario

Descubre más desde Rejected MX "Residuos" nuestro territorio de resistencia

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo